¿Por qué muchas personas vuelven a estudiar en la madurez?

¿Por qué muchas personas vuelven a estudiar en la madurez?

Estudiar en la madurez

Esta pregunta, me la han hecho muchas veces en los cursos que doy. ¿Cuál es la motivación en la que las personas vuelven a estudiar en la madurez y no tanto en la juventud cuando se está en training?

Como sabrán, hace más de 35 años que soy docente de idiomas, amén de ser coach. Y realmente, la satisfacción que siente una docente, de enseñar a gente adulta en su madurez, es algo indescriptible.

Recuerdo cuando daba clases en la Escuela de Enseñanza Media Nº2 de Bahía Blanca, en Argentina, cuando entraba en el primer día del ciclo lectivo del plan para adultos, lo primero que hacía, era preguntar: ¿Por qué a esta edad que tienes, quieres estudiar tu secundaria en el turno noche? Justamente el alumno más «longevo» de ese año, tenía 71 años y me llamó la atención su respuesta.

Una historia que contar

Cuando llegó su turno, me contestó lo siguiente: – Mire, señora profesora, con todo respeto le voy a contestar su pregunta, y es porque mi nieto, me preguntó sobre un tema de una asignatura que él no entendía, y yo no supe responderle.

Me sentí afligido, porque con la edad que tengo, no es que sea ni quiera ser erudito en todos los temas, pero no supe contestarle, a lo que mi nieto me respondió, entonces mi nieto me dijo: – sabes abuelo, esta bien si no sabes la respuesta, papá tampoco la sabe y eso que también es mayor, pero no te preocupes porque nadie ha nacido sabiendo -.

Sentir que debía saber

Un poco como que me descolocó su respuesta, aunque me sentía que tenía la obligación de saber por ser una persona adulta y entrada en años. Y por otra parte, sentí que si bien había sido vago para el estudio, mi finado padre, me puso a trabajar con él en el campo para saber lo que es ganarse un jornal para comprar comida y así alimentarme.

Una vida dura

La vida de campo, es dura. En ese entonces, hasta mi madre y mi hermana, ayudaban amén de otros peones. Amo el campo, las vacas, ovejas, gallinas y los caballos hasta las siembras de hortalizas, frutas y verduras. Claro que, con tal de no agarrar los libros, prefería el trabajo duro en el campo.

A los pocos años, mi padre fallece y tras él, mi madre. Habían tenido neumonía y tuberculosis. Así que, mi hermana y yo le dimos fuerte a trabajar en el campo.

Conociendo a nuestras parejas

Luego, conocimos con mi hermana, al que es su esposo y yo a mi hermosa esposa, y ambos les dijimos que a nosotros nadie nos iba a mover del campo, que llevaríamos los cuatro juntos en adelante todo lo referido al cultivo y crianza de animales, para que no nos faltara comida en la mesa y que trabajar en el campo si bien es duro, da satisfacciones.

Una satisfacción incompleta

Y la verdad, no puedo quejarme, que gracias a ello, no ha faltado la comida ni el vestido o salidas con la familia. Hoy tengo una gran casa como mi hermana acá en la ciudad, un coche que me traslada, pero…después de lo de mi nieto…me puse a pensar, que ya que tenía tiempo, ¿por qué no estudiar de noche la secundaria? Y es así que hoy estoy frente a usted. Y si Dios me da vida, quisiera estudiar agronomía y recibirme a la «vejez viruela» jajajaja.

Las lágrimas se me brotaban solas, de conocer su historia. Y le digo a José, que era así como se llamaba: – mire, mis lágrimas no son de tristeza, son de alegría porque hay que tener mucha fuerza de voluntad para que a su edad desee estudiar, y prestar más atención que en la juventud, cuando se tiene más capacidad de retención y usted es todo un ejemplo a seguir. Me agradeció y me dijo, que cuando se recibiese en la universidad, si Dios le daba vida, vendría a mostrarme su titulo si todo va bien.

Una invitación especial

Unos años más tarde, vino un hombre de unos casi sesenta años a hablar conmigo, era uno de los siete hijos de José a invitarme a la Universidad, para viera con mis propios ojos, que su padre había logrado recibirse de Ingeniero Agrónomo con honores, pues José logró su título a sus casi 80 años, le faltaba solo tres días para cumplirlos.

El logro

Fue tal la emoción de los hijos, nietos, nueras y yernos cuando le entregaron el diploma, y yo feliz de verlo desde mi butaca, que con tanto esfuerzo, había logrado su titulación y con una vida interesante. Que solo me acerqué a él y lo abracé con mucho cariño y me dijo: – Al fin, lo logré, de viejo, pero lo logré – lo volví a abrazar y le dije: – todo esfuerzo tiene su recompensa-.

Una fiesta maravillosa

A los tres días, los hijos de José hicieron una fiesta para festejar su cumpleaños y la satisfacción de haber logrado de haber estudiado lo que él quiso a una edad avanzada en la Universidad. Fue algo tan emotivo. Y ha sido un privilegio que los hijos y nietos de este hombre, me hayan hecho partícipe de un logro que con tanto esfuerzo lo ha conseguido.

Observa

Como verán, nunca es tarde, cuando alguien quiere cumplir metas, eso de que la edad es un impedimento, es más bien una excusa, porque te limitas a ti misma.

Haz algo que te guste, que te mantenga ocupada, viva, porque estás viva y solo se deja de aprender, cuando salgas de lo mortal.

Pues aquí, como siempre digo: Has venido a aprender y aprehender, en momentos serás alumna y en otros serás maestra con o sin titulación, porque ser maestra de la vida, es algo que todas llevamos dentro de nuestra alma siempre. Solo sé ejemplo, para que otras personas te sigan.

No hay un orden

Ahora bien, a veces caemos en la afirmación de creer que hay un orden para las cosas. Ya lo sabes: naces, vas a la escuela, a la universidad, trabajas, te casas, tienes hijos y te retiras a una vejez tranquila y sin sobresaltos. ¡Vaya pensamiento!

Conclusión

Pero, lo cierto es, que cada una de nosotras, vive la vida en circunstancias diferentes, sociedades distintas y con posibilidades económicas cambiantes. No hay un manual o modelo a seguir: solo tu brújula interna, es la que marca el camino correcto.

Y te digo todo esto, porque hablar sobre estudiar, es una de esas cosas que una asocia con la juventud.

Ya pensar en ir a la universidad de los 40 a los 80 o 90 años, es como que suena tarde.

Pero, ¿sabes qué? porque solo generamos un pensamiento limitante. Nunca es tarde.

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