La soledad, a veces es nuestra compañía en la madurez

La soledad, a veces es nuestra compañía en la madurez

La Soledad

La soledad suele ser una etapa fría, pero a veces es tranquila, maravillosamente tranquila y grande, ¿a que si? Como en el tranquilo espacio en que las estrellas se ven en el firmamento de la noche oscura, con o sin luna.

Michael Henderson dijo: “La ausencia deprime, pero una presencia dolorosa enloquece”, y el gran actor judío argentino Norman Erlich dijo: ” La soledad no se quita con la comida, aunque calme momentáneamente” Estas son frases diferentes referidas a la soledad, pero si se analizan, tienen significados diferentes. Existen miles de frases, poemas, poesías, ensayos, canciones, miles de escritos sobre la soledad.

Un problema social

Si se quedaran solo en poemas, poesías, frases, estaría bien. Pero, el asunto deja de ser romántico, cuando nos percatamos que se ha ido transformando en un problema social para muchas personas, en diferentes países del mundo.

Tanto que se le empieza llamar: La Epidemia del Siglo XXI a esta emoción y se manifiesta básicamente, en las personas adultas maduras o mayores.

La soledad nos acompaña en diferentes etapas de nuestra vida, algunas nacemos y trascendemos a solas, pero en el transcurso de la vida, esto llega a ser un problema. No estar satisfechas con nuestra vida, no sentirnos satisfechas por el tipo de relación que tenemos con nuestros seres queridos más cercanos, puede  provocar una primera sensación de soledad y angustia, hasta llegar a una depresión con o sin retorno.

¿Hemos hecho algo mal?

Después viene cuando nuestros amigos, parientes, pareja, hijos trascienden antes que nosotros o solo el alejarse físicamente, nos hace sentir que hago hemos hecho mal para merecernos esto o no.

La falta de afectos, amistades, nuestra incapacidad de relacionarnos, también está detrás la soledad. Tenemos que ir resolviendo cada etapa, cada pérdida y buscar soluciones y compañía saludable a nuestro alrededor. Con frecuencia, sabemos de casos de personas que “por no estar solas” se rodean de personas tóxicas y destructivas y eso no está bien.

Soportan malos tratos y franca violencia con tal de “no quedarse sola” y eso no es saludable. Tienes que buscar y crear un proyecto de vida. Tenemos que buscar vincularnos en actividades sociales enriquecedoras, promotoras del bienestar, trabajos en grupo o en equipos.

Cuestionarnos

Pero, también es necesario cuestionarnos, por qué vivimos en soledad y si tuviéramos responsabilidad en ello, tendríamos que trabajar para resarcir los daños.

Hay quien vive y disfruta de la soledad como privilegio de estar con una misma. Organizan su tiempo de introspección, pero también la decisión de compartir con alguien más su tiempo, su espacio, sus intereses. Existimos algunas personas que necesitamos los espacios de soledad, pero hay quienes les aterra esa idea.

No hay reglas, pero la soledad no elegida, se ha convertido en un severo problema al llegar al invierno de nuestra vida, como vulgarmente se dice.

Preparación y confianza

Así que, en cierta medida es cuestión de preparación y confianza. De cultivar honestamente nuestras vidas. Eso implica no temer y atreverse a descubrir ese lugar inexplorado. Porque la soledad, siempre será un reencuentro que obliga a responder preguntas aplazadas. Algunas sin respuesta.

A la soledad hay que acercarse en algún momento. Puede que sea una de esas asignaturas pendientes que todos evitamos. Como unas matemáticas emocionales en las que solo unos pocos consiguen nota.

Cuando es más que probable, que en varios momentos difíciles nos encontremos solas. Hoy sabemos que el aburrimiento resulta un magnífico estimulante para la creatividad. La soledad elegida, también puede ser parte de una sana convivencia con los demás. Simplemente, aprendiendo a encontrar nuestra distancia. Algo que podría comenzar en cualquier momento. Sin tanto miedo al frío de cuatro paredes desnudas.

Una historia que contar

Carmelo y Dominga contaban que su hija mayor se casó joven y se habían quedado con su hija menor que la habían tenido después de 14 años de su primer hija. No fue fácil volver a criar una niña después de 14 años, pero les llenaba la vida de alegría y aventuras.

Pasaron los años, y su hija menor se casó también muy joven. De pronto, ambos se quedaron solos,  y ya no compartían una mesa con su hija menor. El desprendimiento de cada una de sus hijas en la casa, han marcado un antes y un después.

Si bien, ambas los visitaban los fines de semana, y luego con las hermosas visitas de las nietas y nieto en aquel momento, se sintieron con un vacío y debían gestionarlo.

Ambos trataron de hacer diferentes actividades para mantenerse ocupados, y no sentir esa soledad de una casa sin bullicio. Si les encantaba recibir las visitas de nietos, hijas e hijos politicos y muchas veces de una nieta mayor que se iba a quedar un fin de semana con ellos.

Pero cuando quedaban solos, era como el estar bajo el síndrome del nido vacio. Y sentían tristeza. En un principio fue duro, pero luego se hicieron a la idea de que tenerlos un día a la semana para compartir un desayuno, almuerzo, merienda o cena, les alegraba el corazón de ambos.

Conclusión

Se entiende que es difícil para algunas personas gestionar esa soledad. Solo que a veces, hay que buscar formas para no sentir esa emoción de abandono, desamparo, aislamiento y nostalgia al mismo tiempo. Es menester, cambiar ese sentimiento.

Sería bueno que lo canalices en algo productivo, que te satisfaga y te llene tu alma. No te abandones con pensamientos negativos. Aprende a ser feliz en esta etapa de la madurez.

Preguntita:

¿Te pasa que sentis la soledad como una carga dificil de llevar sobre tus hombros? ¿Cómo gestionarías tu propia soledad?

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