La juventud, ¿cómo entiende el ejemplo de los adultos de hoy en día?

La juventud, ¿cómo entiende el ejemplo de los adultos de hoy en día?

¿Recuerdas que cuando eras adolescente, pensabas que tus padres, maestros, profesores, o gente adulta no sabían entender a la juventud de nuestra época? Y esta cuestión, se repite de generación tras generación de jóvenes.

Ni chicha, ni limonada

Recuerdo que me molestaba mucho y… ¿a quién no? Cuando los adultos decían que los adolescentes no eran «ni chicha ni limonada», ellos siempre afirmaban como que no se nos podía tener en cuenta nuestra voz, nuestras opiniones, y si opinábamos diferente o les hacíamos un «llamado de atención», el adulto venía sin más y te castigaba con no salir o un sopapo «para enderezarte» (hoy llaman «maltrato»).

Hay que decir la verdad, en épocas pasadas, el respeto, la educación, el ser responsable, era una prioridad. Pero, ¿qué pasó con estas nuevas generaciones?

La juventud ha sido calificada de inútil, rebelde, agresiva y desorientada. Sus ímpetus nos ponen a prueba en este presente de hoy en día.

La nueva psicología

¿Quisimos renovarnos con esta «nueva psicología de no hacer pasar lo que nuestra generación pasó, los que hoy tenemos de 50 años en adelante»?

El otro día tres alumnos míos de 18, 23 y 25 años que hacen el curso de Coach de Vida y Ejecutivo Empresarial, muy preocupados por el altercado que habían tenido con otros pares por sus opiniones, se acercaron a mi escritorio a hablar y me dijeron: «Profe, tenemos miedo de ser nosotros mismos y de vivir en la sociedad en la que vivimos, aunque no debería pasar esto»

Me dejaron sin habla y un tanto pensativa por un momento, y luego los invité a que nos sentáramos en la mesa los cuatro juntos y comencé a preguntarles qué les estaba pasando y cuál era realmente esa preocupación que tanto cargaban.

Estrategias fallidas de padres y madres

Y me dice uno de ellos: «Sabe profe, la infelicidad de mi generación se debe a estrategias de crianza fallidas con padres y madres demasiado indulgentes, que nos decían que somos “especiales” todo el tiempo, y que se iban a las escuelas a «pelear» para que nos pusieran buenas notas.

Luego, afirma este mismo alumno: «siempre dicen en el mundo adulto que somos una generación sin autoestima y adicta a la dopamina que generan los likes en las redes sociales.

Que los jóvenes se deprimen cuando alguien los saca de Facebook, y que no hay “restricción de edad” para usar las peligrosas y adictivas redes sociales, que compara con el cigarrillo y el alcohol.

Y más: que nuestras amistades son superficiales, que no sabemos manejar el estrés y que no logramos manejar la frustración porque obtenemos todo, en el momento en que lo pedimos. Todo, salvo buenos sueldos, satisfacción laboral y relaciones interpersonales significativas.

Hasta nos dicen que no aguantamos más de ocho meses en nuestros trabajos, y no tenemos paciencia (claro, no se le ocurre que los sueldos que nos ofrecen, jamás alcanzarán para comprar una casa y mucho menos para ser fieles a una empresa).»

¿Qué es disfrutar del mundo?

Yo mientras, seguía atentamente y perpleja a la vez mientras continuaba otro de los jóvenes diciendo: «Inclusive y finalmente, los adultos afirman que tenemos que dejar los teléfonos inteligentes para poder “disfrutar el mundo” que es donde “suceden las ideas” y la innovación, como si esos mismos teléfonos no comunicaran ideas y no fueran fruto, precisamente, de la innovación.»

Otro de mis alumnos acotaba: «Si le digo que la juventud, como categoría social, es un invento bastante reciente y encima los adultos quieren tener razón.

Hasta podría definirse como un período de la vida de una persona en la que ya no se le considera niño o niña, pero que todavía no alcanza la autonomía adulta y, por supuesto, la autonomía tiene todo que ver con la independencia económica.

Mientras iban hablando por turnos, más me quedaba admirada el razonamiento que me estaban demostrando estos alumnos y yo sin decir palabra, seguía escuchando atentamente.

Sigamos con las excusas del adulto

«Mire profe, le voy a contar algo que leí y que me llevó a este razonamiento: En la Edad Media y aún hoy, en muchos entornos, especialmente rurales y países desfavorecidos, cuando los niños empezaban y empiezan a trabajar a los siete años y las niñas se convertían y convierten en madres apenas les llegaba y llega la regla, no había espacio para algo así como la juventud o la adolescencia. Porque las casaban y casan aún hoy para que las protejan. ¿Proteger de qué? me pregunto yo…

Pero en los años 50, en los países industrializados, el sistema económico dio paso a que hubiese hombres entre los 14 y 24 años que trabajaban en las grandes ciudades, con tiempo libre y no necesariamente trabajos fijos.

Por supuesto, todos estos “jóvenes” eran varones, las mujeres no tenían ese lujo y pasaban de la niñez a la adultez con solo casarse o tener hijos. ¿Era justo eso?

Así, a mediados del siglo XX, comenzó la idea de que estos trabajadores “ociosos pero con dinero” podían potenciar la delincuencia, o al menos la indisciplina. Y el prejuicio de que los jóvenes son rebeldes e irresponsables viene desde entonces, ¿me entiende?

Pánico moral

Esta cadena de representaciones provocó un pánico moral que sigue existiendo hoy en día, y que se evidencia cuando la gente se asusta incluso con los jóvenes de nuestra generación, que bien pueden ser la generación más zanahoria y responsable de todas.

Y si pasamos a las sociedades agrícolas a posindustriales, y hoy, algunos dirán, digitales, aunque la verdad es que esa transición no es lineal: en el siglo XXI las tres (y muchas más) conviven en simultáneo, y la juventud hoy, más que de la edad, depende del sexo, de la nacionalidad, de la raza y de la clase social.

En realidad, no es cierto que las relaciones entre edades (jóvenes y adultos) generen cambio en una sociedad. Es al contrario: los cambios en las sociedades explican las relaciones entre una edad y otra.

La juventud se opone a entender

La juventud se opone a lo que entendemos por “adulto”; por eso, poco tiene que ver con la edad y sí con los sistemas económicos, culturales y políticos. Esto quiere decir que ser joven no es lo mismo si uno es pobre que si uno es rico.

Pero además, la juventud de hoy está definida por sus formas de consumo. Aquellos que pueden pagar las tecnologías que les permitan modificar sus cuerpos para ser “siempre jóvenes”, lo serán. Aunque hoy, la juventud puede estar disponible para cualquiera que pueda pagarla. ¿Se entiende?·»

¿Quién representa una amenaza? ¿Los adultos que nos enseña o el joven que aprende de los ejemplos del adulto?

Y uno de los tres toma la palabra y dijo: «Pareciera que lo único que persiste en la discusión de los adultos sobre los jóvenes es su representación. Por un lado, “los jóvenes” se representan como unas amenazas (incontrolables e inacabadas) y por eso deben ser “domesticados”.

Por el otro, “los jóvenes” son “la esperanza del mundo que se viene”, intrínsecamente buenos y vulnerables. Y esta idea legítima, la intervención de los estados en el control y la protección de los jóvenes con intervenciones que, si bien son necesarias, no logran dejar de ser condescendientes.

Por supuesto, ninguna de las representaciones es del todo cierta, y así, los jóvenes terminan siendo dos cosas al tiempo: un símbolo del futuro de nuestra sociedad y su mayor peligro. Supuestamente siempre a un paso de la violencia, las drogas y la degeneración moral, sea lo que sea que eso signifique.

¿La juventud de ahora, es una generación perdida?

Y por eso, todos los años aparecen noticias sobre cómo “la juventud” es una “generación perdida” que “no entiende lo importante del mundo”.

Pero quizás, quienes no entienden son los que se reconocen como “adultos”. Todos los discursos que estigmatizan sobre la juventud muestran la misma torpeza y un gran miedo a una demografía que empieza a responder a los cambios de un mundo que esos “adultos escandalizados” no quieren aceptar.

Después de semejante lección, tuve que pensar seriamente sobre lo que los adultos hemos adoptado como creencia sobre lo que nos enseñaron nuestros padres y abuelos.

Si bien no fuimos la generación de la tecnología, fuimos la generación que comenzó a preguntarse los por qué, pero que no nos atrevimos a llevar la contraria por «respeto al adulto». Es un tema, que va para más para debatir. ¿Qué opinas? ¿están en lo cierto?

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